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Vivienda de la familia Barrios

Desde mediados del siglo XIX se inicia un proceso en el que la calle Real se convierte en refugio de los primeros establecimientos hoteleros y de un singular espacio instalado en los antiguos baños de la Mezquita. Nos referimos a la taberna del “Polinario” que, a finales de dicha centuria y durante los primeros años del siglo XX, se convertiría en el gran centro cultural de la Alhambra. Este establecimiento estaba regentado por Antonio Barrios. Un peculiar personaje muy aficionado al flamenco que sería retratado por numerosos artistas, como su gran amigo Santiago Rusiñol, casi siempre acompañado de su inseparable guitarra. Padre del célebre músico Ángel Barrios, quien continuó la tradición familiar reuniendo en el local paterno a pintores, escritores y músicos de procedencia geográfica muy diversa. De este modo, la residencia familiar estaría muy relacionada con el ambiente cultural de la época, por las tertulias celebradas en el patio principal de la vivienda y en su jardín trasero. Este contexto junto a su uso como vivienda, así como la existencia de la taberna instalada en su solar, influiría en la distribución interna de los espacios, alterando la disposición original del baño árabe. La residencia de Antonio Barrios y su familia fue expropiada por el Estado en 1934, y las gestiones estarían dirigidas por el entonces arquitecto de la Alhambra Torres Balbás. Ha sido posible localizar el documento de compra del inmueble con información interesante sobre la descripción de la finca, linderos y superficie, de la que aquí extraemos algunos fragmentos: “(…) en su interior hay tres pequeños patios, existiendo además un jardín de la misma propiedad a saliente. Son los linderos de la edificación; a sur, la calle Real de la Alhambra; a norte, la Alamedilla, terrenos también propiedad del Estado, y a poniente, el callejón de la Sacristía que la separa de la iglesia de Santa María de la Alhambra”. Además, en dichas escrituras se especifica la extensión superficial de la casa de la familia Barrios: “dos mil quinientos sesenta y cinco pies cuadrados de labrado, conteniendo una tinaja de agua limpia y un pilar de agua corriente de propiedad, y además comprende un huerto cercado de tapias, con trescientas treinta y cinco varas cuadradas, siendo la equivalencia de la superficie en pies la de ciento noventa y nueve metros treinta decímetros cuadrados, y la de la casa la de doscientos ochenta metros y seis decímetros también cuadrados”.
De la documentación gráfica y textual recopilada durante la investigación de este sector, así como de las enriquecedoras aportaciones que nos facilitó doña Ángela Barrios, podemos determinar que en su fachada principal se abría un gran balcón con dos entradas, a la vivienda y al negocio. Un amplio edificio con un total de tres plantas y tres patios. Según se accedía, el patio principal estaba pavimentado con pequeños guijos y su frente suroeste lo ocupaba una pequeña taza de fuente a ras de suelo, hoy desaparecida. En el frente septentrional del patio se emplazaba un pilar, al igual que en la actualidad. La balaustrada de madera que se observa hoy día en la planta superior de dicho espacio, estaba por entonces oculta por la construcción de la vivienda. A la derecha del mencionado pilar se ubicaba un pequeño distribuidor: a su izquierda se abría la escalera de acceso a la segunda y tercera planta, conformadas por un corredor con ventanas, que circundaba al patio principal, y que permitía acceder a las diferentes estancias de la vivienda (el número de dependencias superaba la veintena). Junto a la escalera, destacamos un elemento arquitectónico de notable importancia por testimoniar la presencia de restos del baño árabe: un arco con capitel nazarí y, tras éste, la zona de la “cocinilla”, que disponía de un pequeño aljibe, estancia a su vez conectada con la bodega. Desde la “cocinilla”, y en dirección este, se llegaba al conocido entre los habitantes de la casa como “patio de los arcos” por abrirse tres arcos en su lateral izquierdo, decorados con grandes maceteros, espacio a su vez colindante con la carbonera. Retomando la zona del patio principal, su testero oeste comunicaba con el negocio del Polinario, a medio camino entre taberna y comercio. Una ventana se orientaba a la calle Real y la otra al callejón de la Sacristía, en cuyo paramento también se abría una pequeña puerta. Parte de este espacio quedaría ocupado a partir de los últimos años de la década de 1970 por el Museo Ángel Barrios proyectado por Prieto-Moreno. 
Se conserva una fotografía del Archivo de la Alhambra con una puerta en el fondo septentrional del patio, que permitía el acceso a un pequeño aseo, mientras que en su frente occidental, y lindando con la taberna, se situaba la “sala baja”, llamada así por emplazarse a un nivel inferior al del patio. Por otra parte, el estudio de Ángel Barrios se orientaba a la zona del jardín trasero, buscando la calma de la Alamedilla, y protegiéndose así del bullicio existente en la calle Real. Retomando el mencionado “patio de los arcos”, en su frente este se abría un portón que conectaba con el jardín trasero y que, en línea recta, generaba una visual con la puerta de madera que abría al callejón del Guindo. Esta aún se conserva empotrada en la cara interior del muro que protege este espacio por su frente occidental. Se conserva un testimonio fotográfico que refleja esta puerta de conexión con el callejón del Guindo —que a su vez conducía al Partal—, y que permitía el acceso a la parte trasera de la vivienda del Polinario. Un documento de gran relevancia ya que también permite apreciar una pequeña alberca para el riego, junto a la mencionada puerta y que, mediante un sistema de acequias, hacia que el agua se canalizara por las plantaciones de las tres plazoletas, que iban descendiendo de nivel conforme se acercaban a la Alamedilla. Estas estaban separadas por un encañado, observándose además que por entonces el nivel del suelo era más elevado que el actual, por los rellenos de tierra necesarios para el jardín, huerto, etc., y que ocultaban parte de los restos arqueológicos que, con posterioridad, fueron descubiertos en la parte trasera del muro septentrional de la casa nazarí anexa al baño. Por último, un jardín que lindaba con la zona de la Alamedilla, completaba el espacio al aire libre, sombreado por altos álamos.

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